Carga a tu bebé con una mano en las pompitas y póntelo en la cadera. Con la otra mano sujétalo mientras pasas su cabecita por debajo del brazo que lo sostiene.
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Pásalo a tu espalda sin soltarle las pompitas mientras tú te inclinas hacia adelante.
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Pasa tu otra mano por tu espalda para ayudarte a sostenerlo hasta tener tus dos manos sobre sus pompis. |
Cerciórate que sus piernitas estén abiertas. Inclínate un poco más y con una mano pon el rebozo en tu espalda y cubre al bebé perfectamente desde sus rodillas hasta su cabeza o espalda.
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Pasa los lazos sobre tus hombros y tuércelos varias veces, ahora llévelos a tu espalda (aquí ya puedes incorporarte) y crúzalos por encima de sus piernas, a la altura de sus rodillas.
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Una vez cruzados los lazos pasa los extremos por debajo de sus piernas y llévalos frente a ti.
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Ajusta el rebozo dando unos pequeños saltitos hasta que lo sientas firme y seguro. Haz un nudo doble. |
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Revisa que el bebé vaya cómodo y que el lazo que lo soporta esté firme y que el bebé se encuentre sentado sobre el mismo y no sobre los lazos que pasan por sus piernas.
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